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Autores

Alejo Alberdi

Foto de Alejo Alberdi

Periodista, miembro del colectivo Interzona-Energy Control

Tintín y los estados alterados de consciencia (2)

Segunda parte: Alcohol, sueños y visiones

Con la aparición del capitán Haddock en El Cangrejo de las pinzas de Oro, las aventuras de Tintín se enriquecen al introducir un personaje que complementa con sus rasgos decididamente dionisíacos al excesivamente apolíneo reportero. Es bien sabido que Dioniso era el dios del vino y la embriaguez, pero los mitos griegos son polivalentes y también lo era de la locura o el teatro, atributos sobradamente representados en las furiosas invectivas del marino, en su mímica y su lenguaje corporal o en el carácter cómico de sus caídas, tropezones y traspiés. Pero hablamos del alcohol como un rasgo consustancial al personaje de Haddock, hasta el punto de que, en su aventura de presentación, nada menos que el 27 por ciento de las viñetas1 tiene relación directa con esta droga.

Tintín y los estados alterados de consciencia (1)

Sueños, visiones, espejismos, filtros, sociedades secretas de traficantes, fumaderos de opio, sueros de la verdad, pociones narcóticas, drogas que enloquecen, alucinaciones… sin olvidar las continuas referencias al alcohol y sus efectos, la presencia de la ebriedad, lo extraordinario y los estados modificados de consciencia es realmente insólita en unas historietas dirigidas principalmente a un público infantil1. El universo creado por Georges Remi —más conocido como Hergé— ha fascinado a generaciones enteras de niños, adolescentes y adultos de todo el mundo, y es indudable que esta faceta fantástica ha tenido un gran peso en el éxito de la obra del autor belga. Con el presente artículo, dividido en dos entregas, rindo mi particular homenaje a Hergé en el centésimo aniversario de su nacimiento.

Supresión de la evidencia en la guerra contra las drogas

La falsificación de fotografías en la URSS durante la era de Stalin o —en la ficción— la reescritura de la Historia del Ministerio de la Verdad imaginado por Orwell en 1984, son dos casos notorios de falseamiento de la realidad denunciados reiteradamente como prueba de los males del totalitarismo. Sin embargo, estas estrategias no son privativas de los regímenes totalitarios, sino que han sido puestas en práctica con gran frecuencia por las democracias y, a diferencia del ejemplo citado, se han seguido usando hasta nuestros días, muy especialmente en el contexto de la Guerra Contra las Drogas.