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II República y guerra civil

(1931-1939)

Con la proclamación de la II República la política contra las drogas no se atemperó, sino que se intensificó, especialmente con la prohibición incondicional de la heroína en 1932 y la promulgación al año siguiente de la Ley de Vagos y Maleantes, por la que fueron declarados en “estado peligroso” y quedaron sometidos a “medidas de seguridad”, entre otros, los “ebrios y toxicómanos habituales”.

La prensa, sin embargo, ya no sólo hablaba de “vicio invencible”, sino también de “terrible patología”. En consecuencia, en 1935 el Gobierno optó por desarrollar una medida pragmática de reducción de riesgos y daños: la posibilidad de suministrar “dosis extraterapéuticas” a los “enfermos habituados”, es decir, a morfinómanos y cocainómanos contumaces. El único requisito para obtener el “documento especial de garantía” que permitía el acceso a la sustancia requerida (y que se mantendría vigente hasta 1967) era la inscripción previa en un registro abierto a tal efecto en la Dirección General de Sanidad.

A diferencia de la década precedente, la prensa de los años 30 dejó de presentar el uso y tráfico de drogas como un “problema” local, importado desde fuera, para enfocarlo como una cuestión “universal y milenaria”, que revestía caracteres epidémicos y en la que el Estado español había pasado a desempeñar un papel fundamental. No en vano, algunos medios llegaron a considerar a Barcelona como la “central” del tráfico de estupefacientes para toda Europa.

Significativamente, con el paso de la restricción a la prohibición, la propaganda de genéricos y específicos psicoactivos desapareció por completo de periódicos y revistas. Sin embargo, los medios de comunicación no tuvieron reparos en servir de soporte para los primeros exponentes de publicidad indirecta, algunos de gran éxito comercial, como los sugerentes anuncios en la prensa gráfica y las no menos sugestivas cuñas de radio —cantadas por la cupletista Carmelita Aubert— publicitando el “super-perfume Cocaína en Flor”.

Contrabando de drogasLos “paraísos artificiales” en Barcelona (Estampa)«Barrios bajos»Cocaína en florEscándaloPortada de «Estampa»El vicio invencible de los toxicómanosBarcelona, sede del tráfico de drogas europeoCuración de borrachosUn borracho es un parásito

Por lo demás, durante los años 30 se produjo la incorporación definitiva de la fotografía al ejercicio de la práctica periodística. La prensa gráfica pudo combinar, de este modo, el reportaje sensacionalista con el soporte fotográfico necesario para consolidar con imágenes veraces los distintos estereotipos creados en torno al consumo y tráfico de drogas. Un tema que fue explotado hasta la extenuación, llegando a copar más de una portada de revista. Por lo demás, en 1937 Pedro Puche dirigió Barrios bajos, posiblemente la primera película en incorporar referencias abiertas al consumo y tráfico de drogas —concretamente de cocaína— de la cinematografía española.

La guerra civil (1936-1939) modificó sustancialmente todo este panorama. Con todo, el principal cambio que introdujo la contienda fue la extensión del cannabismo. Efectivamente, el empleo de cannabis ya estaba muy arraigado en las filas de las tropas sublevadas en el norte de África. Estas tropas constituyeron la columna vertebral del ejército de Franco, que cruzó el estrecho de Gibraltar. De tal manera, durante tres años llegaron a organizarse suministros regulares de kif y grifa, desde Marruecos hasta el frente, con conocimiento de la oficialidad de Intendencia, del Estado Mayor y hasta del Alto Mando. Incluso algún testigo llegaría a señalar que el cannabis fue la “mayor motivación espiritual” que impulsó al Glorioso Alzamiento Nacional, “al menos en las trincheras”.

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