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Basilea.— Gran parte de la audiencia de hoy del proceso internacional por contrabando de heroína ha estado consagrada a buscar al griego hasta ahora desconocido y que debe llevar el nombre de Anastasopulos.

Este individuo encargó al doctor Rauch de todos los manejos incluidos en la instrucción del proceso. Hasta ahora ese griego continúa siendo un personaje desconocido y misterioso.

La sesión se ha ocupado luego de la venta de 716 kilos de heroína. El doctor Rauch pretende haber vendido esta heroína a unos desconocidos que no poseían ninguna concesión para el comercio de estupefacientes.

El doctor Rauch pone en duda los hechos que le son reprochados y afirma que en Dieppenhori no vendió más que morfina propinolina, droga que no está comprendida en las prohibiciones de la ley. Un paquete conteniendo esta composición química fue cogido en la estación de Baden. Las autoridades de la aduana comprobaron que el envío en cuestión no contenía morfina sino heroína.

Rauch pretende que se trata de un error. No niega haber recibido heroína de Muller. No encargó a este último más que productos que no están comprendidos en la lista de estupefacientes sometidos a control.

Los peritos han comprobado que Rauch no estaba en situación de fabricar productos químicos en gran escala, dada la instalación primitiva de su laboratorio de Ginebra. La acusación estima que Rauch tuvo que ponerse en relación con proveedores.

Al final de la audiencia se ha producido un golpe de gran efecto. Una casa de Basilea muy conocida, que ha seguido diariamente este asunto de estupefacientes, ha anunciado que se halla desde hace algunos años en relación comercial continua con una firma Anastasopulos, de Patras, y que está dispuesta a dar al tribunal todos los informes deseables.

La comunicación es tanto más sorprendente teniendo en cuenta que la policía griega de Patras no ha encontrado en esta ciudad ninguna persona que se llame Anastasopulos.


Diario de Castellón, 20 de noviembre de 1931.