¡Cocaína!
Los secretos de la droga
Proveedores y escondites del trágico veneno.
Casi cada día se detienen traficantes de coco.
Hecho banal, corriente. Episodio cotidiano de la vida nocturna en las grandes ciudades.
A despecho de las batidas e investigaciones de la policía, siempre habrá vendedores de “mandanga”, como siempre habrá traficantes de carne humana.
Se detienen a cinco: diez les reemplazan. El oficio tiene riesgos, pero rinde mucho.
Ahora bien, los asuntos de este género son más o menos interesantes, según la importancia de los inculpados o bien que la investigación policíaca revele detalles inéditos.
Los inspectores franceses que detuvieron hace unos días en París al famoso Tintín le noir no perdieron el tiempo. Gracias a este terrible “mayorista europeo” se ha podido saber de dónde venía la mayor parte de estos estupefacientes puestos en circulación. El tráfico de la droga mortal es muy diverso y cambia con frecuencia de circunstancias.
Se ha repetido muchas veces que la cocaína viene de Alemania. Es exacto. Este es su punto de partida. Pero en lugar de entrar por la frontera francesa da un rodeo para despistar a la policía.
Bélgica es actualmente la llave de paso empleada por los odiosos envenenadores, proveedores asesinos de morfina, opio, coco y haschich.
Preocupada de protegerse, Bélgica ha tomado medidas enérgicas. Ha dictado penas severísimas contra los traficantes de drogas: todo individuo al que se le encuentre un solo gramo es condenado a dos años de cárcel, diez mil francos belgas de multa y diez años de inhabilitación. ¡Qué lejos está este castigo de los quince días de cárcel y los cien francos de multa, tarifa de los tribunales franceses!
La benignidad de los tribunales de Francia, facilita que el infame comercio alcance a España.
Los contrabandistas se sirven de Bélgica como país de paso. No se atreven a dejar en él un solo gramo de su mercancía.
Un inspector de la policía francesa, que se ha especializado en la caza de traficantes de drogas, nos ha dado los detalles siguientes:
—Los mayoristas renuevan actualmente sus stocks, en Mannheim, donde las fábricas de alcaloides han tomado una gran extensión. La coco es transportada cómodamente a Bélgica por el Luxemburgo, donde se ha pactado un convenio que suprime la aduana entre estos dos países. Bruselas es un centro activísimo de aprovisionamiento de estupefacientes. La policía belga trata de desorientar a los traficantes, pero lucha con personas muy astutas, jamás llevan encima un centigramo de la droga. ¡Valiente tontería! Ellos reciben simplemente los pedidos y los portadores son personajes intermediarios, misteriosos, a los que no se les aborda sin estar en el secreto.
Los mayoristas nunca venden menos de una libra. Se trata de personas muy consideradas que hacen al cabo del año su millón de beneficio. En Francia, por lo menos, es imposible pescarlos en flagrante delito. Ellos ceden la coco a 1.000 francos el kilo, un franco el gramo. El que los detalla, que es quien tiene todos los riesgos, la vende a treinta y cuarenta francos el gramo, y a veces más. En España los traficantes tienen una tarifa muy oscilante —desde 8 a 15 pesetas—. La ganancia es bonita, por lo que se explica que no le falten intermediarios al tráfico.
Las estratagemas empleadas por los traficantes son múltiples y variadas. La lista es larga. Cada uno de sus trucos, es inmediatamente olfateado por la policía y hay que renovar los recursos.
Se sabe que estos asesinos han llevado su audacia hasta utilizar las valijas diplomáticas. Hace algún tiempo, M…, correo diplomático letón, cerca de la Embajada en París, había introducido subrepticiamente 30 kilos de coco. El escándalo pudo ahogarse difícilmente.
He aquí lo que nos cuenta un inspector de la brigada mundial a propósito de este infame negocio.
Recientemente fue detenido un individuo sospechoso de entregarse al tráfico de estupefacientes. Registrado no se le encontró nada encima. Iban a dejarlo, cuando uno de los policías se fijó en el bastón de nuestro hombre. Tuvo una sospecha y quitándoselo, lo partió en dos trozos; estaba lleno de polvo blanco.
Otro compañero de este hombre fue detenido pocos días después. Iba en bicicleta. La máquina fue llevada a la Jefatura de Policía con su propietario, en cuyos bolsillos no apareció nada. Pero, en cambio, el cuadro de la bicicleta contenía unos diez mil francos de cocaína.
El doblez de los sombreros y los tacones de los zapatos se usan siempre con más o menos éxito en el tráfico del polvo pernicioso. Uno de los detenidos últimamente disimulaba en los pliegues de la corbata tres papelitos conteniendo el veneno. El mismo poseía en una petaca de cuero cigarrillos rellenos de coco.
La mayor parte de los detallistas proveen a sus clientes de cocaína pura. Pero hay otros que mezclan a la droga borato de sosa; estos últimos duplican sus beneficios y cuando los pescan, salen airosos con más facilidad, argumentando que el polvo que venden sirve a lo sumo para hacer estornudar.
En Francia hay bandas de vendedores de cocaína que están poderosamente organizadas. Una de ellas dio mucho que hacer a la policía. Las remesas de esta banda se hacían en las condiciones más originales. Pequeños tubos de coco iban disimulados en paquetes de sales de magnesia. En este cargamento, examinado en la aduana no se encontró nada de particular. El destinatario era un médico habitante en Montparnasse. Fue precisa una casualidad providencial para descubrir la astucia. Uno de los paquetes de sales de magnesia se rompió en el trayecto. Al abrir el paquete encontraron los tubos de cocaína. Esta banda llegó a usar, en complicidad con los maquinistas, las briquetas de carbón huecas en las cuales se llegaba a poner hasta cincuenta gramos de droga.
“Tomar cocaína” es una llaga social que se extiende cada día más. El terrible peligro empieza a merecer atención por parte de la Sociedad de Naciones.
Recientemente se ha cursado una circular a los Estados recordando los compromisos contraídos y que empiezan a olvidar. He aquí el texto de la resolución votada:
“Teniendo en cuenta el uso intensivo que efectúan las personas dedicadas al tráfico de estupefacientes de la vía postal, la Asamblea recomienda que cada Estado miembro de la Sociedad de Naciones, si aún no lo ha hecho, ponga en vigor las medidas siguientes:
1ª Deben tomarse disposiciones, tanto en el país expedidor como el de destino, de someter al control de las Aduanas todos los envíos postales (correspondencia, papeles de negocios, muestras y paquetes), cuando se tenga fundamento para creer que contienen drogas, procediendo a la apertura de todo envío sospechoso o bien exigiendo que el expedidor o el receptor lo abra en presencia de la autoridad.
2ª Someter a un control estricto los sitios donde se establezcan buzones.
3ª Considerando que el tráfico ilícito se practica sobre todo en Extremo Oriente, los objetos o correspondencia dirigidos o provenientes de esta parte del mundo, deberían ser agrupados en las oficinas postales, a fin de permitir a las autoridades descubrir cualquier cantidad de droga, así como sus expedidores y destinatarios”.
Ningún Estado, hasta el presente, ha cursado a la S[ociedad] de N[aciones] información alguna en este sentido.
El experto inglés Lyall, delegado de la S[ociedad] de N[aciones], demostró que todas las medidas tomadas por los gobiernos del mundo son ilusorias.
En los últimos dieciocho meses se han decomisado en los países de Europa unas cinco toneladas de estupefacientes.
Hemos consultado el caso con un comisario de la policía francesa y no se ha sorprendido.
—El tráfico de drogas y polvos venenosos es hoy más floreciente que nunca. Nuestra tarea policial no es inútil, pero sí insuficiente. Aunque se prendan a los proveedores pequeños, ¿qué arriesgan los grandes? Nada. Estos son comparsas sin importancia a los que se les aplica unos meses de cárcel y nada más… Los grandes comerciantes de estupefacientes escapan siempre…
Se dice, incluso, que estos últimos están protegidos internacionalmente por poderosas amistades. Por lo menos esta es la opinión de un comisario de la policía francesa, adscrito a la brigada especial…
Andrés Charpentier (traducción exclusiva), en ¡Escándalo!, 5 de septiembre de 1933, pp. 1-2.