Dos interesantes noticias relacionadas con el mundo de las drogas han aparecido durante estas últimas semanas en todos los medios de comunicación. Estas noticias han vuelto a poner en duda los argumentos prohibicionistas que se utilizan para defender la ilegalidad de un buen número de sustancias. Injustos argumentos, en nuestra opinión, ya que carecen de una base científica y por el contrario se exceden en cargas morales e intereses geopolíticos y económicos.
La primera noticia nos sitúa en Holanda, donde ya se ha puesto en marcha en todas las farmacias la distribución de cannabis terapéutico, dirigido a determinados pacientes de cáncer, SIDA, esclerosis múltiple y síndrome de Gilles. El cannabis ayuda a todos estos pacientes a conciliar el sueño, a abrir el apetito, a combatir y aliviar sus dolencias, a la vez se reducen las náuseas y espasmos, tan frecuentes en tratamientos como la quimioterapia. Todo esto no es nuevo, ya que el cannabis se ha venido utilizando desde hace más de 5.000 años por múltiples culturas, en concreto ya en el 3.727 a. C. se tiene la primera constancia escrita en una farmacopea china. Es en el pasado siglo XX cuando las distintas convenciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre estupefacientes se encargan de dilapidar todo este patrimonio.
Por todo ello, debemos felicitarnos de que ahora las instituciones sanitarias de Holanda y próximamente de Canadá, Nueva Gales del Sur en Australia y algunos estados de EE. UU., abran los ojos ante las científicamente demostradas propiedades del cáñamo, que tantas veces han sido ninguneadas y desmentidas por el actual sistema prohibicionista.
Pero claro, una vez más, Spain is different. Se persigue su tenencia, compra-venta y consumo para uso lúdico. Se bloquea continuamente por parte de las administraciones —como la de Navarra— el uso experimental de medicamentos derivados del cannabis. No contentos, entran en acción el ministro de interior Ángel Acebes y el delegado para el Plan Nacional sobre Drogas (PND), Gil Robles, criminalizando y amenazando con perseguir la difusión de publicaciones cannábicas, que por ejemplo divulguen las propiedades antes mencionadas. De locos.
En la segunda noticia nos encontramos con la novedad de que en Granada será posible dispensar heroína en los tratamientos para determinados heroinómanos que vivan en situación de exclusión y no respondan al tratamiento con metadona (heroína sintética). Medida esta que ya se viene implantando desde hace años en Suiza y Holanda con unos resultados muy positivos, en los que continuamente se ha venido observando una mejora general de la calidad de vida de los usuarios y usuarias. Al consumir una heroína controlada sanitariamente, libre de los ponzoñosos adulterantes. Al mismo tiempo se detectan unas disminuciones espectaculares en los casos de contagio de SIDA, hepatitis y tuberculosis, así como una notable mejora en la seguridad ciudadana, al no tener estos usuarios y usuarias que delinquir para costearse su dosis diaria.
Nos toca felicitar pues a la Junta de Andalucía, que ha auspiciado este proyecto, y sobre todo a los y las profesionales que con mucho esfuerzo y tras superar numerosos obstáculos han hecho posible que esta iniciativa sea una realidad.
Como nota significativa y representativa de la ridícula situación actual, recordamos una entrevista a uno de los doctores responsables de este proyecto andaluz —entrevista recientemente emitida por una emisora de radio— en la que ocurrió un hecho curioso: el locutor, tras escuchar la explicación del doctor, le preguntó: “¿Y por qué no se dispensa entonces libremente la heroína en las farmacias, evitando así los actuales problemas de falta de control sanitario y delincuencia?”. El doctor, tras un silencio de unos segundos, en los que parecía intentar en vano encontrar alguna respuesta racional, contestó, de forma lacónica: “Porque es ilegal”.
¿Es justo? ¿Es racional? Reflexionemos sobre ello.